
Digamos que un día te despertás cuando ya salió el sol y las aves cantan. No hay despertador de por medio, solo esa increíble sensación de haber dormido placidamente y de no necesitar nada más de ese colchón que a veces es un tu único refugio. En tu casa suena "She loves you" de los Beatles, y esa alegría que te ilumina el rostro hace que nada pueda ser mejor. Te vestís sin muchos rodeos, el día es tan ideal como un pote de rico helado light, que ya sabes exactamente lo que vas a usar, y de hecho te queda alucinante. De tus poros emana luminosidad y nada de grasitud e imperfecciones, con lo cual decidís recurrir a un make-up suave y liviano. Por último, te pones ese rimmel que compraste en New York, que hace que tus pestañas se alarguen hacia el infinito, y te den una mirada ultra hot.
Salís de tu casa, los señores te dicen cosas lindas, los niños te sonríen con cierta complicidad y las mujeres te miran con un dejo de envidia que no molesta, solo suma. Te sentís la reina de la disco mientras pisas esas baldozas rotas que te llevan a la estación. No tenés que esperar en la esquina que pase algún auto para cruzar, el camino fluye sin obstáculos a la vista. El tren llega a horario, y mejor aún, con asientos desocupados. Caminás por el vagón hasta el fondo, emanando más felicidad que las Trillizas de Oro a fines de los 80s. Te sentás del lado del pasillo de manera espléndida cruzando las piernas, mientras buscas en tu bolso ese libro de autoayuda de Osho, que en definitiva es el causante de tu actual equilibrio con el cosmos. Mientras te terminás de acomodar, podes sentir como todas las miradas están puestas en vos, y te encanta...Tomás el libro, lo abrís en el capítulo 8 intitulado "La vida es un Jardín Japonés - Testimonio revelador de Ximena Cyrulnik", y te decidís a continuar por el camino zen del crecimiento interior. Mirás hacia la ventana para poder sentir el contacto con la naturaleza una vez más, y observás que a tu lado hay un señor algo desalineado entredormido...En ese momento pensás: "Ay gorda, tu buena vibra definitivamente puede contribuir a cambiarle la vida a este pobre hombre, ¡wow!"
...el sonido nuevamente...
De alguna manera el libro de Osho sale volando por la ventana y te encontrás parada, despeinada, contracturada, desquiciada, gritándole al señor a tu lado: - "Pero borracho hijo de re mil puta ¿por qué no te llevas tu insultante humanidad a roncar abajo del Puente la Noria que es donde vos, y todos esos asquerosos especimenes presentes en este tren mugroso, en verdad pertenecen?"
Y así, sin más, vos, tu vanidad, tu linda soberbia y tu equilibrio interior, terminan linchados en la estación Boulogne, luciendo peor que Nina Peloso en el baile del caño, y obviamente sin un centavo para volver a casa.
...SORRY GORR...