¿Qué quiere una mujer? Se preguntó Freud hasta el cansancio sin obtener respuesta alguna. También lo hicieron los filósofos, científicos, historiadores, kioskeros y futbolistas. Podríamos decir entonces, que se lo cuestionaron los hombres en general… Lo que quizás resulte más extraño, y consecuentemente, más misterioso aún (o más histérico valga la redundancia), es que nos lo preguntamos nosotras mismas, esos seres complejos y adorables que somos las mujeres ¿?, nos cuestionamos hasta el hartazgo, directa e indirectamente, deductiva e inductivamente, longitudinal y transversalmente (¿?) ¿Qué es lo queremos realmente?
Como yo pienso mejor realizando labores importantes, estuve intentando buscar respuestas en todos los ámbitos de mi vida diaria (que como a esta altura sabrán, es poco menos productiva que la de una ameba rivotrileada) y me quedé muy disconforme y con un inmenso sentimiento de haber fracasado científica y filosóficamente, al ver que ni al barrer la vereda, ni al jugar con mi perro, ni al ponerme crema hipoalergénica de pepinos en el rostro, pude desentrañar esta cuestión tan crucial que ha tomando repentinamente en mi psiquis, un carácter de idea obsesiva egodistónica.
No me di por vencida y seguí mi camino investigativo en mi dormitorio, (cual cueva sembrada con prendas de vestir), al que tuve que ordenar y limpiar con urgencia, pues no recordaba ya el color del piso y la pelusa más chica me cebaba mate (Debo aclarar que exagero. Soy una persona muy pulcra).
Prendí la televisión y me concentré en las publicidades dirigidas al público femenino, las cuales me causaron una indignación tal, que revoleé el control remoto hacia el televisor (no lo golpeó, tengo mala puntería), me puse a escuchar chamamé y corrí enérgicamente a comprar unos chocolates a la esquina de mi casa (¿?). También chateé con Nat como método catártico. Y ella terminó opinando igual que yo (obvio).
Mi conclusión hasta entonces es la siguiente: Los hombres no saben lo que queremos las mujeres, las mujeres no sabemos lo que queremos y la publicidad tampoco lo sabe y encima calumnia, ensucia y pervierte la profunda y frágil naturaleza femenina, resaltando cuestiones poco trascendentes de nuestra vida, como si fuéramos simplemente un par de piernas con celulitis, un pelo con frizz o un tránsito lento.
Entonces seguí reflexionando y me dije a mi misma y a Nat (ambas mantenemos charlas filosóficas, heurísticas y ontológicas): ¿Será éste el imaginario colectivo que tiene nuestra sociedad acerca de la mujer? Y fue entonces que no pude evitar preguntarme: ¿Será que ser mujer sólo se expresa en términos dicotómicos, con opciones tan dispares como ser un ama de casa sufrida con ruleros y batón con flores (de colores feos) al estilo Lita de Lazzari (Aclaro: no sé si usa batón) o una rubia oxigenada de razonamiento precario que hace las de objeto sexual masculino, como Nicole Neuman? (o elijan la que quieran, ejemplos sobran).
Como Nat y yo nos sentimos endeudadas con don Segismundo (léase Freud) pensamos que sería bueno, quizás, retomar los escritos de nuestro adorado erudito vienés, realizando una investigación sobre el tema. Quizás terminemos salvando al mundo. No sabemos.
Lo que si intentaremos desentrañar esta problemática que nos acongoja y el contenido, resultado y las conclusiones alcanzadas de la misma aparecerán a la brevedad en nuestro espacio…Desde ya, muchas gracias.
PD: Lacan, la mujer sí existe!
PD2: Chicas bloggers, si quieren (y tienen un rato poco productivo) realizar la encuesta, entren al perfil de Nat, allí está su mail y le hacen la solicitud.